Albert Hofmann y la historia de la LSD – Un prólogo y una reseña llenos de elogios

El titulo de esta página en principio no tendría por qué parecer extraño: se publica un libro, y tanto el prólogo (que suele escribir un personaje famoso y de prestigio, en muestra de apoyo) como la reseña (que elaborar alguna persona con larga experiencia en el mundo de las publicaciones) ensalzan el trabajo del autor y su obra, el libro en cuestión.

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Lo raro -y a la vez excelente para el escritor- del caso que nos ocupa es que tanto el prólogo como la reseña sean completamente elogiosos, y además que el primero lo haya escrito la persona que más sabe sobre el tema en todo el mundo (porque Jonathan Ott es sin duda el maestro farmacófilo y drogófilo), y que la reseña proceda de un profesional que conoce, año tras año, todos los libros que se publican sobre esta temática: Quim Tarinas, director de Librería Muscaria.

El libro, como habrán adivinado si han leído nuestras noticias de los últimos días, es Albert Hofmann – Vida y legado de un químico humanista, publicado por la editorial La Liebre de Marzo. Y el autor es J. C. Ruiz Franco, el director de nuestro Proyecto Shulgin en Español, que desempeña diversas ocupaciones (profesor de Filosofía, traductor y escritor) a base de quitarse horas de sueño y días de ocio. No obstante, en realidad, el tiempo libre que no pasa con su familia lo dedica a estudiar, investigar, y a escribir sobre lo que estudia e investiga, ya que cree firmemente que no hay mejor forma de aprender que escribir sobre lo que va descubriendo; es decir, la lectura de una amplia bibliografía sobre un asunto va enlazada necesariamente con la necesidad de escribir, ya que es la mejor forma de afianzar los conocimientos, de contárselos a uno mismo y de contárselos a los demás.

Volviendo a lo que nos ocupa, dado que se trata de dos escritos (un prólogo y una reseña), en la presente página ofreceremos el prólogo; la reseña puede descargarse, en formato pdf, en este enlace. Y si desean más material sobre Albert Hofmann, no duden en visitar la web http://www.alberthofmann.es, donde podrán leer y descargar muchos más archivos, entre ellos un extenso documento que narra el momento en que el sabio de Basilea se topó con la LSD en el transcurso de sus investigaciones sobre el cornezuelo del centeno, con el objetivo de obtener un fármaco cardiotónico. Descubrió algo mucho más importante, que en un principio parecía destinado a la investigación y a servir de herramienta en psicoterapia, pero, como nos cuenta Albert Hofmann – Vida y legado de un químico humanista, la CIA, la central de inteligencia americana, sacó al fármaco de los laboratorios en un intento por conseguir un arma química o que sirviera para interrogar a los espías enemigos, lo cual hizo que surgieran rumores sobre la existencia de una nueva sustancia de extrañas propiedades. Por otro lado, debido a esa salida de nuestra droga del ámbito clínico y de la investigación, pudo llegar a oídos de diversas personas, entre ellas la menos adecuada para que siguiera pasando desapercibida: un profesor de psicología de la Universidad de Harvard, llamado Timothy Leary, que estaba deseoso de experimentar con sustancias psiquedélicas para "expandir la conciencia" y "alcanzar el conocimiento interior".

Cuando los espías ya habían descartado la LSD como arma útil y proseguían las aplicaciones psicoterapéuticas, que habían sufrido cierto estancamiento, Hofmann aprovechó para lanzarse a investigar otras sustancias, como por ejemplo los denominados honguitos mágicos. Llegó incluso a viajar a México después de que su amigo Gordon Wasson lograra dar con ellos y escribir un histórico reportaje que, muy a su pesar, tuvo un cariz sensacionalista. Con su lectura, Leary descubrió las bondades de los hongos, pero un tiempo después, gracias a un extraño personaje llamado Michael Hollingshead, conoció las virtudes de la LSD, tras lo cual se dispuso a estudiarla dentro del ámbito universitario. No obstante, unos meses después, con el despido de Harvard entre medias, se nombró a sí mismo "el apóstol de la LSD", se propuso proporcionar la droga a todos los que quisieran probarla, para que salieran del sueño en el que estaban sumidos, despertasen y pudieran ver el mundo terrenal con otros ojos. Esa labor de apostolado fue el principio del fin de la LSD como fármaco, supuso su conversión en una droga muy popular, con lo que finalizaron los sueños de Hofmann de limitarla al ámbito investigacional, psicoterapéutico o, como mucho, al propio de los artistas e intelectuales. Pero las cosas siempre pueden ir a peor, y después de que las autoridades lograran su prohibición, de fármaco prometedor se convirtió en una droga callejera, sólo accesible en el mercado negro y ligada a grupos marginales.

Todo esto, en relación con la política y la cultura de las tres décadas más importantes de nuestra historia (años cuarenta, cincuenta y sesenta), es el tema de este libro, además de la vida personal de Hofmann y las aportaciones de Aldous Huxley, Allen Ginsberg, Jack Kerouac y muchos otros. Después de la prohibición, las sanciones se fueron haciendo más frecuentes y elevadas; Leary fue encarcelado, logró escapar, fue encerrado de nuevo y salió de prisión unos años después en extrañas circunstancias. En 1969, ya con la LSD prohibida en Estados Unidos, pero con una juventud cada vez más liberada y luchando contra la Guerra de Vietnam, tuvo lugar el Festival de Woodstock, el canto del cisne de la década y de nuestra sustancia. Lamentablemente, la era Nixon generaría el gran triunfo prohibicionista que supuso la Convención de Viena de 1971, por la que la mayoría de los países del mundo adoptaron la política estadounidense en materia de drogas.

Nos llevaría mucho hacer un mero resumen del libro, que trata numerosas temáticas relacionadas y adyacentes a los dos temas principales: la vida de Hofmann y la historia de la LSD. Por ello, además de aconsejar a nuestros lectores que lo lean adquiriéndolo a un precio realmente bajo para tratarse de más de 350 densas páginas, en la web de la editorial, en su librería habitual o recurriendo a los distribuidores que hay por todo el mundo (en esta página) -sobre todo para quienes viven en Latinoamérica-, nada mejor que ofrecer el prólogo de Jonathan Ott, que puede leerse a continuación, y la reseña publicada por el director de Librería Muscaria, que se puede descargar aquí. Por cierto, si quieren saber todos los asuntos que trata el libro que nos ocupa, echen un vistazo a su índice de contenidos, que está incluido en la reseña.

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Prólogo de Jonathan Ott a Albert Hofmann – Vida y legado de un químico humanista (De J. C. Ruiz Franco)

Aquí tenemos un libro híbrido: lo que, ateniéndonos al título, es una biografía de Albert Hofmann, el famoso químico visionario suizo, es simultáneamente una historia cultural de su más notable invención, la LSD, legendaria sustancia psicoactiva (o Delysid, si utilizamos su denominación farmacéutica). Efectivamente, Hofmann se hizo mundialmente famoso gracias a aquel «hijo problemático», y muchos sólo lo recuerdan como «el padre de la LSD». En ese sentido, el alcance del presente libro es coherente con el de la autobiografía del mismo Hofmann, LSD, mi hijo problemático (publicado en alemán en 1979, aunque conocido en España bajo otros títulos; por ejemplo, La historia del LSD – Balance crítico de sus aplicaciones y efectos…, Historia de la LSD. Cómo descubrí el ácido y qué pasó después en el mundo o LSD: Mi hijo monstruo). De igual manera, Hofmann había dedicado bastante más espacio al hijo conflictivo que al progenitor. Por otro lado, el nuevo libro de Juan Carlos Ruiz Franco va mucho más allá del contenido de aquel libro precursor, tanto en los aspectos biográficos como en el sentido histórico. Entre otras cosas, nos ofrece más detalles sobre la juventud y la formación de Hofmann. Aparte de su autobiografía y sus cuatro libros de contenido científico, Hofmann publicó dos tratados filosóficos: Mundo interior-Mundo exterior y Lob des Schauens (“Alabanza a la visión”, una edición limitada de distribución privada). En 2008 (el año de su fallecimiento, a la edad de 102), junto con The Beckley Foundation, publicamos Hofmann‘s Elixir, basado en un Festschrift de 2005 en alemán (un libro que festejaba su centenario). Este último libro de Hofmann también incluye mucho contenido biográfico (entre otros datos personales, contiene una exhaustiva bibliografía de los trabajos científicos y populares del sabio suizo). No existe otra información biográfica sobre este gigante de la ciencia y la filosofía del siglo veinte, y el presente libro llena este vacío de forma admirable.

Hay que destacar la notable historia cultural de la LSD y otras drogas psiquedélicas afines. Del mismo modo que su precursor autobiográfico, examina la invención de la LSD en el contexto del trabajo de investigación químico-farmacéutica desempeñado por Hofmann para la compañía farmacéutica de Basilea, Sandoz Ltd. (ahora parte de la multinacional Novartis). Vemos cómo Hofmann fue también el progenitor de tres fármacos de enorme éxito terapéutico y comercial: Hydergina®, Dihydergot® y Metergina®, a la vez que contribuyó al desarrollo de otros dos: Parlodel® y Sansert®/Deseril®. Aunque Hofmann consideraba a Delysid® el más exitoso de todos, la dirección (por no hablar de los accionistas) de Sandoz contemplaba el asunto de manera muy distinta (en vez de permitirles ganar pingües beneficios, como las demás invenciones de Hofmann, la LSD terminó siendo «un lastre comercial» para Sandoz). Por supuesto, la invención de la LSD convirtió a Hofmann en el máximo experto mundial en sustancias visionarias, y condujo directamente a su posterior exitoso descubrimiento de la sustancia química de dos enteógenos chamánicos secretos: 1) los hongos de María Sabina y R. Gordon Wasson (en los cuales Hofmann descubrió la psilocibina y la psilocina; la primera fue bautizada y lanzada al mercado como fármaco, Indocybin®, aunque corrió la misma suerte que la LSD, es decir, pasó a ser otro fármaco «abortado»); y 2) las semillas mexicanas del don Diego de día, los famosos enteógenos ololiuhqui y tliltliltzin (en los cuales nuestro químico encontró como principios activos visionarios, ¡las mismas amidas del ácido lisérgico que ya había investigado una década atrás como derivados de la LSD!). Ruiz Franco culmina esta parte detallando la investigación preliminar de las hojas de la Pastora o Salvia divinorum, una planta enteogénica descubierta por Hofmann en colaboración con Wasson, quienes la identificaron y establecieron su forma de cultivo, aunque no lograron resolver la cuestión fitoquímica de sus principios activos.

Muchos de los datos históricos están relacionados indirectamente con Albert Hofmann. Vemos cómo el uso extracientífico de la LSD se difundió, junto con su fama, por Estados Unidos y Europa (con especial atención a España e Iberoamérica), sin pasar por alto su aun más prominente infamia y el abuso periodístico de aquella. Personajes como el enigmático Al Hubbard sirvieron como una especie de puente o enlace entre el inframundo del espionaje/servicios secretos y el ultramundo intelectual de literatos como Aldous Huxley (que jugó un papel clave en la difusión de la LSD como enteógeno). El capítulo 6 se dedica exclusivamente al morboso interés hacia diversas sustancias visionarias por parte de los servicios secretos, sobre todo la CIA estadounidense, a cuyos jefes les fascinó sobremanera la potentísima LSD. Ante los ojos desorbitados de los verdaderos James Bond, era una especie de «arma química no convencional» y una ayuda farmacológica para los interrogatorios (un camino inaugurado por la mescalina, y puesto en práctica por los pioneros médicos nazis en el nefasto campo de concentración de Dachau, Polonia). No tardó en hacerse eco la prensa sensacionalista de esta curiosa y temprana bifurcación del interés por la LSD: por un lado, como un prometedor y revolucionario psicofármaco, Delysid®; y por el otro, ¡como una tétrica tormenta terapéutica, a modo de siniestra bomba atómica para controlar el estado de ánimo! El libro recapitula sobre esta historia de la propaganda: cómo la prensa amarillista ordeñó a la jugosa LSD ad nauseam. Un par de años de exageración y sensacionalismo bastaron para poner a la LSD directamente en la mira del prohibicionismo, y el autor prosigue la triste historia de su eventual estigmatización y universal prohibición… hasta el repentino final de un fructífero camino de investigación neurocientífica, que todavía no se ha logrado retomar.

Ruiz Franco detalla el desarrollo de la colaboración, ya jubilados de sus trabajos, de Hofmann con R. Gordon Wasson y Carl A.P. Ruck, en torno a la pócima (el kykeon) consumida durante los Misterios Eleusinos del mundo clásico griego, como el «secreto» enteogénico causante de esta iniciación. (Hofmann propuso un extracto acuoso de cebada «ergotizada» —infestada con abundantes esclerocios de cornezuelo— a modo de fuente de alcaloides hidrosolubles, similares a la LSD, presentes en la pócima, lo cual bien podría explicar el notable respeto inspirado por la iniciación eleusina y el fanático empeño por mantenerla oculta). Este trabajo innovador concluyó con el conocido libro El camino a Eleusis: desvelando el secreto de los misterios (fue el título de la traducción española, publicada por Fondo de Cultura Económica, que introdujo el término y el concepto enteógeno/enteogénico en el mundo castellano-hablante: nuestro artículo de 1979, que acuñó el neologismo, venía traducido como apéndice). Esta es una de las historias —entre los numerosos temas culturales no relacionados directamente con Hofmann— que el presente libro incluye como trasfondo histórico. Así, la LSD, aquel producto artificial de la investigación químico-farmacéutica (más o menos convencional) obtenido en los laboratorios Sandoz, queda relacionada con embriagantes chamánicos prototípicos, como el péyotl/mescalina, el teonanácatl/psilocibina o el ololiuhqui/amida del ácido lisérgico. La vida y la profesión de Hofmann colocaron todo aquello en un mismo contexto… es decir, la enteognosia. En el libro se ubican la vida y el trabajo de Hofmann en el ambiente propio de nuestra época, lo que los alemanes llaman el Zeitgeist, el «espíritu del momento». Y como guinda para este pastel psiconáutico, el libro nos informa sobre datos específicos acerca de la relación de Hofmann con algunos pensadores españoles, como Antonio Escohotado y Fernando Sánchez Dragó.

El libro trata hasta tal punto la filosofía de Hofmann que ofrece por completo (traducidas por su autor) dos conferencias filosóficas de Hofmann: la primera, sobre su visión de la realidad basándose en su teoría «emisor-receptor»; la segunda, sobre «la redención del tiempo a través de la eternidad». En la sección de apéndices se incluyen varios escritos poco conocidos sobre enteognosia, entre ellos el clásico de Walter Pahnke sobre su exploración del potencial espiritual de la LSD; así como textos literarios: del famoso escritor inglés Aldous Huxley y del poeta beatnik estadounidense Allen Ginsberg. También podemos leer en esa sección una entrevista a Hofmann, realizada por Antonio Escohotado a mediados de los años ochenta. Esta entrevista tiene un significado especial para mí: Hofmann me la envió en el momento de su publicación, y el apellido tan poco común de su autor quedó grabado en mi memoria (muy buena, por lo menos para las palabras o formas léxicas raras. Años después, cuando un amigo me envió el primer tomo de la Historia general de las drogas, yo sabía que había oído aquel apellido; busqué en mis archivos, hallé la entrevista y escribí a Hofmann para pedirle la dirección de Antonio (por supuesto, para llamarle la atención ¡por una larga lista de imprecisiones etnobotánicas!). ¡Y así fue como Antonio y yo entablamos una gran amistad!

El libro concluye con una bibliografía no muy detallada, pero bastante relevante, y un buen índice temático, imprescindible en un libro de esta extensión, que reúne y atesora tanta información valiosa. Con un estilo literario ameno y asequible, demuestra siempre la típica atención de su autor por la precisión y la comprensión histórica. Con buen ritmo, pero deteniéndose en los momentos más importantes, cubre una gran riqueza de datos imposible de hallar en una sola fuente; y sobre todo, es muy interesante. ¿Qué más se puede pedir? Yo lo recomiendo, sin duda alguna.

Jonathan Ott

Rancho Xochiatl

9 de noviembre de 2014

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