Dos estabilizadores del ánimo bastante seguros: gabapentina y pregabalina

Éste es un artículo sobre dos fármacos que actualmente se recetan mucho en psiquiatría. Su abuso puede conllevar problemas, pero un uso racional de cualquiera de los dos puede permitir que quien los toma sienta cómo su estado de ánimo se estabiliza y deja de sufrir altibajos. Ese es el motivo de haber escrito esto que el lector está leyendo, y puede que sea -no recuerdo bien, después de tantos años- la primera vez que hablamos sobre fármacos de uso habitual en psiquiatría. 

pregabalin

Autor del artículo: J. C. Ruiz Franco, director del Proyecto Shulgin en Español (http://www.shulgin.es, http://www.facebook.com/librosdeshulgin y https://twitter.com/Shulgin_ES). Además de dirigir la publicación de PIHKAL y TIHKAL en español, dos obras de uno de los grandes sabios de la psiconáutica, está a punto de publicar la primera biografía sobre otro de nuestros más queridos genios, Albert Hofmann, descubridor de la LSD. El libro incluye también la historia de esta sustancia tan popular. Se trata de la conocida editorial La Liebre de Marzo, y el título es: Albert Hofmann – Vida y legado de un químico humanista. Pueden leer un adelanto de la publicación en esta página, y en breve más material sobre el buen doctor en http://www.alberthofmann.es.

 

…Y retomamos el artículo

Quizá se pregunte el lector por qué nos ocupamos de dos fármacos juntos. La respuesta es que, aunque efectivamente son distintos, están tan próximos tanto en lo referente a su estructura química como en lo relativo a sus efectos, que pueden considerarse hermanos de pleno derecho; algunos expertos incluso llegan a decir que se trata de la misma sustancia, con la única diferencia de que una tiene más potencia que la otra, a igual dosis.

 

Historia de la gabapentina

La gabapentina nació en los Estados Unidos a comienzos de la década de los noventa del siglo XX, y en un principio se sintetizó para imitar la estructura química del neurotransmisor inhibidor GABA (ácido gamma-amino-butírico). No se conoce bien su acción neurológica, y se han postulado tres mecanismos distintos que no vamos a citar para complicar al lector con términos técnicos. Lo que sí quedó claro desde el comienzo es que servía para evitar las convulsiones, incluso en ratones a los que se aplicaba electroshock. Por eso, en 1994 logró su primera aplicación médica oficial como medicamento para ayudar a controlar los ataques convulsivos, es decir, lo que se conoce como epilepsia. También se le concedió la indicación terapéutica de tratamiento del dolor neuropático. Así nació el Neurontin®, que es el nombre de marca de la gabapentina original, tanto en Estados Unidos como en España. Posteriormente, cuando ya había expirado la patente (el documento que da la exclusiva de una sustancia a un laboratorio) aparecieron productos de gabapentina con otros nombres: Neurostil, Fanatrex, Gabarone, Gralise, Nupentin, Gabrion, Penral y Gabapin en diversos países; Gabatur, Gabepina y Gabmylan, en España. Y además los genéricos con la palabra “Gabapentina” seguida del nombre del laboratorio.

 

Los problemas legales de la gabapentina

Las compañías farmacéuticas intentan aumentar las ventas mediante diversos procedimientos, y uno de ellos consiste en afirmar que sus productos tienen otras indicaciones terapéuticas, además de las aprobadas por las autoridades sanitarias. Para tal fin, y como medio para que no parezca que esas nuevas aplicaciones las inventan injustificadamente, encargan la realización de estudios para apoyarlas. Como es lógico suponer, estas investigaciones suelen incluir ciertos sesgos o una manipulación de los datos de algún tipo. En el caso de la gabapentina, entre las aplicaciones adicionales que el fabricante decidió incluir se encuentran el síndrome de piernas inquietas, el insomnio, el trastorno bipolar, el trastorno de ansiedad generalizada y los trastornos de pánico. De ellas, la experiencia indicó que parecía adecuada sólo para el trastorno de ansiedad y el trastorno de pánico.

Este tipo de prácticas ?y la consiguiente publicidad del fármaco como adecuado para tales dolencias? tienen como propósito elevar exponencialmente las ventas. En el caso del Neurontin®, se calcula que las ventas relacionadas con indicaciones “no oficiales” han supuesto aproximadamente el 90 por ciento del total. Por supuesto, suele tratarse de dolencias de carácter psiquiátrico, siempre las más difíciles de diagnosticar y de abordar, debido a que no son orgánicas, sino mentales.

Pfizer, la compañía propietaria del Neurontin®, creó estas indicaciones “extraoficiales”, lo cual no está prohibido; pero también hizo publicidad de ellas, cosa que sí está expresamente prohibida, por lo que, a lo largo de los años, tuvo que hacer frente a varios juicios y sentencias que la han condenado a pagar unos cuantos cientos de millones de dólares. Esta cifra, que a los simples mortales nos parece enorme, es una cantidad que se queda pequeña ?y que posiblemente estaba prevista por la empresa? ante los miles de millones de beneficios derivados de las ventas.

 

Efectos de la gabapentina

Bien, ya hemos hablado demasiado sobre un tema que todos conocemos de sobra, el de la voracidad de las multinacionales farmacéuticas. Llegado a este punto, se preguntará el lector: “¿qué utilidad tiene entonces este fármaco y para qué hablamos de él en la presente entrega?”. La respuesta es que tratamos sobre él en este artículo porque, gracias al testimonio de nuestro gran amigo Franzicuro, hemos podido saber que es útil si se toma con moderación y en dosis pequeñas. En efecto, tal como ha comprobado nuestro colega ?y también quien esto suscribe?, en relación con su utilidad para la ansiedad, en dosis inferiores a las terapéuticas evita tanto el ánimo decaído como la ansiedad, y permite mantener la estabilidad de ánimo y la concentración mental. Es decir, permite sobrellevar mejor la vida diaria, sus obligaciones, e incluso elevar el rendimiento. No vamos a mencionar ni recomendar dosis por el motivo de siempre ?que no nos acusen de incitar al consumo de fármacos?, pero el lector podrá deducirlas al leer el prospecto, teniendo en cuenta que hay que tomar cantidades inferiores a las terapéuticas. Lo que sí debemos decir es que es preferible dividir el total diario en dos o tres tomas, a fin de mantener niveles estables a lo largo del día. La dosis se puede incrementar un poco cuando el usuario note menos efecto, es decir, cuando haya generado tolerancia y esa misma cantidad ya no funcione igual de bien ?a pesar de que la tolerancia crece muy lentamente con este tipo de sustancias?, pero no debe seguir subiéndola en caso de que sienta que tiene que incrementarla excesivamente: a fin de continuar beneficiándose de su acción, lo mejor que puede hacer es un alto en el consumo, para lo cual irá reduciendo progresivamente la dosis a lo largo de 10 o 15 días (no debe hacerse de forma abrupta para no sufrir síntomas de abstinencia), hasta llegar a cero. Después de pasar una buena temporada (un mes, aproximadamente) de descanso y de disminución de tolerancia, puede considerar la posibilidad de volver a tomar el fármaco.

 

La historia se repite

Así que Pfizer, la compañía farmacéutica creadora de la gabapentina ?y por tanto propietaria de la patente? la retuvo por ley durante diez años, obtuvo suculentos beneficios vendiendo el producto con el sugerente nombre de Neurontin® y, una vez pasado el plazo establecido por ley, dejó de tener la exclusiva y enseguida salieron al mercado decenas de genéricos, comercializados por empresas rivales. La consecuencia lógica es que bajaron drásticamente sus ventas de este fármaco, a lo cual debe añadirse que en algunos países ?como por ejemplo España? tuvieron que rebajar el precio hasta ponerlo al nivel de los genéricos. Pero la caducidad de esa patente tuvo otra consecuencia, obra de unos verdaderos genios del márketing: partiendo de la composición química de la gabapentina, obtuvieron otra sustancia activa, la pregabalina, muy parecida y con unos efectos similares, pero mucho más potente. El creador fue el químico medicinal Richard Bruce Silverman. Pfizer obtuvo una nueva patente y lanzó el medicamento al mercado con el bonito nombre de Lyrica®. De nuevo, esta multinacional del sector farmacéutico conseguía tener a la venta un producto de propiedad exclusiva que prometía unas ventas muy suculentas si lograban para él todas las indicaciones terapéuticas posibles.

Igual que sucedía con la gabapentina, tampoco se conoce bien el mecanismo neuronal de la pregabalina, pero pronto, en 2004, gracias a sus efectos se aprobó para tratar la epilepsia, el dolor neuropático y la neuralgia postherpética. Por si esto fuera poco, en 2007 obtuvieron la indicación oficial para la fibromialgia y ?un dato fundamental para la psiquiatría y sus pacientes? para el trastorno de ansiedad generalizada. En ese mismo año, la Federación Mundial de Psiquiatría Biológica la recomendaba como uno de los agentes de primera línea para el citado trastorno.

 

Efectos de la pregabalina

Muchos psiquiatras consideran que la pregabalina calma la ansiedad, con menos efectos secundarios y probabilidad de dependencia que las benzodiacepinas (por ejemplo, el Valium®). No obstante, hay personas que utilizan este fármaco sin necesitarlo por motivos médicos, sino recreativos, dado que puede producir efectos agradables, relajación y euforia. Entre las acciones positivas se encuentran la mejora del estado de humor, la facilidad con que aparece la sonrisa y la risa, un incremento de la motivación y de la imaginación, una urgencia por terminar los trabajos que tengamos pendientes y un aumento de la autoconfianza. También pueden aparecer ligeras distorsiones visuales. Por el lado negativo, la pregabalina puede inducir el sueño incluso siendo de día, y producir mareos, falta de coordinación y pensamientos confusos.

En cuanto a su vía de administración, la pregabalina suele ingerirse oralmente, pero algunos consumidores también la toman por vía intranasal. Lamentamos no disponer de experiencias de primera mano al respecto, porque nuestro amigo Franzicuro no la ha probado por este último medio.

En lo relativo a las combinaciones con otras sustancias, la pregabalina potencia el alcohol y eleva la euforia que éste produce en algunos sujetos. No obstante, es difícil mantener el control y llega un momento en que surgen problemas de coordinación corporal y pérdidas de memoria. Además, el día siguiente es muy probable que se sufra una fuerte resaca. También potencia el efecto de las benzodiacepinas y del cannabis. En el caso de la cocaína, algunos usuarios aseguran que una pequeña dosis se ve potenciada por la toma simultánea de pregabalina. Hay otros consumidores que afirman que la pregabalina prolonga la duración de la acción de la MDMA ?que de por sí suele ser breve?, si bien otros afirman que la experiencia se enturbia. También hay testimonios que dicen que la pregabalina suaviza la habitualmente abrupta bajada propia de la MDMA. En cuanto a los opioides, potencia en cierta medida su acción. Además, es útil para reducir los molestos ?y a veces intolerables? efectos del síndrome de abstinencia.

Del mismo modo que sucede con la gabapentina, la tolerancia a la pregabalina crece muy lentamente y es difícil desarrollar dependencia. No obstante, su uso continuado conlleva el inevitable desarrollo de tolerancia y una posible dependencia al fármaco. Si se abandona su consumo después de haberla utilizado durante un largo período, aparecerán los efectos propios del síndrome de abstinencia, con náuseas, ansiedad, insomnio, diarrea, dolores de cabeza, mareos, depresión y ?dado que tiene propiedades anticonvulsivas? posiblemente también convulsiones.

 

Y colorín, colorado…

Para acabar, dejemos la farmacología y volvamos al tema económico. Con la pregabalina, la historia volvió a repetirse. Tal como sucedió con su hermana, la gabapentina (Neurontin®), también la Lyrica® sirvió para llevar a Pfizer a los tribunales por publicitar aplicaciones no aprobadas, en concreto para el dolor crónico y las migrañas. De nuevo, aunque el veredicto obligó a la compañía a pagar una cantidad muy elevada, de unos 2.000 millones de dólares, Pfizer ya había obtenido unos beneficios mucho mayores, con lo que el gasto estaba compensado, y más que se compensaría en años sucesivos.

Por si fuera poco, a esto hay que sumarle el triunfo comercial que supone haber ganado en los tribunales las demandas de empresas rivales que pretendían comercializar la pregabalina alegando defectos de forma en la patente original. El tribunal de apelaciones de EE.UU. falló a favor de Pfizer, afirmó que las empresas que pusieron a la venta el mismo fármaco habían infringido la patente y confirmó que Pfizer mantiene la exclusiva hasta el año 2018. Conclusión: muchos $$$ y Lyrica® para rato en las consultas de los psiquiatras.

 

Advertencia: el propósito de este artículo es informar sobre sustancias existentes, no recomendar ninguna de ellas. El médico es el profesional de la salud y sólo él puede prescribir medicamentos. Sólo citamos principios activos, no marcas concretas, para evitar hacer publicidad de medicamentos con receta. No fomentamos el uso de sustancias dopantes y estamos en contra del consumo no responsable.

 

Share

0 comments

Deja un comentario