El proceso de descubrimiento (I)

EL PROCESO DE DESCUBRIMIENTO
(De la introducción a PIHKAL)

Aunque otros traductores están trabajando en otras partes de los dos libros, continuamos ofreciendo fragmentos del inicio de PIHKAL, en ete caso "El proceso de descubrimiento", incluido en la introducción de PIHKAL. El texto es bastante abstracto, tal como trabaja la mente de un científico-filósofo como Shulgin, así que, aunque el lector seguramente tendrá más interés por capítulos sobre cómo llegó a descubrir tal o cual droga, nos parece importante conocer las reflexiones que Shulgin solía hacerse. Intentaremos que la siguiente entrega sea más "ligera", pero ahora a pensar y entender el sentido de frases complejas, que viene bien para entrenar la mente. Además, en este fragmento es donde explica que su método consistía en probar las drogas en sí mismo.

La segunda pregunta que más me suelen hacer, después de “¿Por qué te dedicas a ese trabajo?”, es “¿Cómo determinas la actividad de una nueva droga?”.

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¿Cómo procedemos para descubrir la acción, la naturaleza del efecto sobre el sistema nervioso central, de una sustancia química que acaba de sintetizarse, pero que aún no se ha introducido en ningún organismo vivo? Yo comienzo explicando que debemos partir de la base de que, en primer lugar, la sustancia química recién nacida está tan libre de actividad farmacológica como un niño recién nacido se encuentra libre de prejuicios.

En el momento de la concepción de un individuo queda decidida gran parte de su futuro, desde características físicas hasta el sexo y la inteligencia. Pero otras muchas cosas no quedan aún decididas. Cosas tan sutiles como la personalidad, los sistemas de creencia y muchas otras características no quedan establecidas al nacer. A los ojos de todo recién nacido, hay toda una omnipresencia de inocencia y divinidad que cambia gradualmente a medida que entabla interacción con los padres, los familiares y el entorno. El adulto en que se convierte es un producto que se ha moldeado mediante repetidos contactos con dolores y placeres, y lo que aparece al final del proceso es un pesimista, un egocéntrico o una persona que se dedica a salvar vidas. Y los compañeros de viaje de esta persona, en el transcurso de su desarrollo, desde el bebé poco definido hasta el adulto perfectamente caracterizado por su personalidad, todos ellos habrán influido en él, y a su vez habrán sido influidos por él, mediante todas las interacciones que habrán tenido lugar.

Lo mismo sucede con una sustancia química. Cuando se concibe la idea de una nueva sustancia, no existen más que símbolos, un collage de extraños átomos unidos mediante enlaces, que se garabatean en una pizarra o en una servilleta de la mesa, durante la cena. La estructura, por supuesto, y tal vez incluso algunas características espectrales y propiedades físicas, están pre-determinadas de forma inevitable. Pero sus características en el ser humano, la naturaleza de su acción farmacológica, o incluso el tipo de acción que podría llegar a mostrar sólo pueden ser objeto de conjeturas. Estas propiedades todavía no se pueden conocer, dado que en esta fase aún no existen.

Aunque el compuesto aparece como una nueva sustancia, tangible, material, que se puede pesar, aún es tabula rasa en lo relativo a la farmacología, en el sentido de que no se conoce nada, y no se puede llegar a conocer nada, acerca de su efecto en el ser humano, ya que nunca ha estado en el interior de un ser humano. Es sólo mediante el desarrollo de una relación entre la cosa que se pone a prueba y la persona que la pone a prueba cuando se pondrá de manifiesto este aspecto característico suyo, y la persona que realiza la prueba contribuye a la definición final de la acción de la droga tanto como la droga en sí misma. El proceso por el que se averigua la naturaleza de los efectos de un compuesto es lo mismo que el propio proceso de conocer sus efectos.

Entre los investigadores que ponen a prueba alguna sustancia que ha obtenido otro investigador se encontrarán algunos (la mayoría, espera el creador) que harán distintas evaluaciones por separado y que estarán de acuerdo con las quien obtuvo por primera vez la sustancia, y entonces se tendrá la impresión de que el creador definió (desarrolló) las propiedades de forma adecuada. Otros investigadores (sólo algunos, espera el creador) mostrarán su desacuerdo, y sin decir nada a nadie tenderán a preguntarse por qué no llegaron a evaluar la sustancia de forma más precisa. Si sucede todo esto, podemos considerar globalmente que se trata de un éxito, y que constituye la recompensa por seguir las tres partes del proceso, es decir, ideación, creación y definición.

Pero debemos tener en cuenta que la interacción tiene lugar en los dos sentidos: la persona que pone a prueba una sustancia, lo mismo que la sustancia que se comprueba, recibe la influencia de esta última.

Yo determino la actividad de las sustancias que invento de la manera más antigua y con más relevancia, de entre todas las que han existido en todos los tiempos, establecida y practicada durante miles de años por médicos y chamanes que tuvieron que conocer los efectos de plantas que podían ser útiles para curar. El método es evidente para cualquiera que haya pensado al menos un poco en este asunto. Aunque la mayoría de los compuestos que investigo se materializan en el laboratorio, y yo pocas veces pruebo las plantas o los hongos que nos ofrece la naturaleza, todavía hay una única manera de hacerlo, un procedimiento que minimiza el riesgo, a la vez que maximiza la calidad de la información obtenida. Yo mismo ingiero el compuesto. Pongo a prueba sus efectos físicos en mi propio cuerpo y permanezco atento a cualquier efecto mental que pudiera aparecer.

 

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