Flashbacks

En este extracto del TiHKAL, Shulgin examina el discurso de la DEA en torno al consumo de LSD a raíz de una conferencia de esta agencia organizada en San Francisco en diciembre de 1991.

 

[…] Parece que una guerra santa, una yihad, se declaró ese día en contra de la LSD. Esta sustancia fue retratada como el mal absoluto que tenía que ser eliminado a toda costa. La Iglesia católica había declarado a las brujas como un enemigo y la muerte en la rueda era un destino demasiado amable para ellas. El tribunal musulmán había decidido que el infiel diablo cristiano era la encarnación del mal y debía ser destripado. Los poderes policiales ese día habían declarado a la LSD como un agente con un potencial increíblemente destructivo que tenía que ser erradicado.

LSD blotter


No puedo relatar con certeza los textos concretos que fueron presentados, pero déjenme tratar de dar una idea de este alboroto. Gran parte de la virulencia estaba dirigida a las personas asociadas con la droga. Están, por un lado, los criminales que la fabrican. Según las autoridades, se concentran aquí, en el Área de la Bahía de San Francisco, la cual es realmente la cabeza de este monstruo cuyos tentáculos se extienden por todo el mundo. Existen «terapeutas sociópatas» que se escabullen en los bosques todas las semanas para tener acceso a sus suministros ocultos del precursor tartrato de ergotamina. Allí, cocinan lo que necesitan para distribuirlo entre otros terapeutas, para usar en sus pacientes, y para suministrar a terceros, como por ejemplo, niños. Estos desacertados terapeutas continúan defendiendo el mito de que la LSD tiene algún potencial terapéutico. Y eso es, por supuesto, una racionalización de su vergonzosa adicción a la droga.

Pero parte de la ira estaba dirigida a la droga en sí. Una de las propiedades más escandalosas era su capacidad de permanecer escondida durante años y años en el interior del cuerpo humano, sólo para resurgir mucho tiempo después y producir un flashback. Los mecanismos que se ofrecieron para explicar este evento fueron tan extraños que resultarían hasta graciosos, si sólo se hubieran propuesto con espíritu de comedia. Por desgracia, estos argumentos fueron presentados y aceptados con total seriedad. Se dijo a los asistentes que incluso una sola exposición a la LSD podría hacer que unas pocas moléculas persistentes se ocultaran en el lóbulo frontal del cerebro, donde bien podrían permanecer escondidas durante un periodo de hasta veinte años. Entonces, podrían reaparecer de repente, provocando lo que se ha denominado, clínicamente, como un flashback de LSD, lo cual puede provocar que la víctima se vuelva psicótica. Los ejemplos eran evidentes aquí en San Francisco, según aseguraban estos defensores de la teoría del flashback. A finales de los sesenta tuvo lugar el Verano del Amor, con un consumo prodigioso de drogas psiquedélicas, especialmente LSD. ¡Y mirad cómo están las calles de la ciudad hoy en día! ¡Los sin techo, los psicóticos, los desposeídos! La explicación implícita era que habían tomado LSD, y las moléculas escondidas habían descendido finalmente de los lóbulos frontales, trayendo consigo esta tragedia moderna.

La verdad es que una vez que la LSD se introduce en el organismo, produce sus efectos, tras lo cual la sustancia y sus metabolitos son eliminados del cuerpo rápidamente. El periodo de semidesintegración en sangre es de menos de tres horas, así que por mucha cantidad que pudiera haber inicialmente, sólo habría la mitad de esa cantidad tres horas más tarde. Incluso si la maquinaria metabólica del cuerpo lo ignorara, la dosis sería excretada en más del 99% en un día. Con una dosis monstruosa consumida un lunes, no habría siquiera un uno por ciento de la misma el martes, y no hay herramienta analítica conocida que pueda detectarla el miércoles. Si cualquier molécula de un fármaco, o si incluso un billón de moléculas de un fármaco, pudieran provocar un estado psicótico, se trataría de un fármaco de una potencia sin precedentes. Esto es pura fantasía. Nunca se ha observado algo así. Sólo existe en la dedicada mente de los agentes de las fuerzas del orden y en las publicaciones de los que se ganan la vida fomentando el miedo a las drogas.

Pero, dice el escéptico sin educación, tal vez los niveles de LSD están disminuyendo no porque estén siendo excretados en la orina y eliminados del cuerpo, sino debido a que están siendo absorbidos y almacenados en el tejido graso, y quizás esta reserva de grasa se encuentra en el cerebro. ¡Tal vez incluso en el lóbulo frontal! Existen antecedentes de la supuesta grasa cerebral y su almacenamiento en el cerebro, propuestos por una persona nombrada por el presidente, respecto a otra droga ilegal. John Lawn, el jefe de la DEA durante el gobierno de Reagan, dio una charla sobre el asunto en el Commonwealth Club de San Francisco en febrero de 1986. Durante el turno de preguntas que siguió, recibió una consulta por escrito procedente de la audiencia.

«¿Qué tiene de malo legalizar la marihuana?», se le preguntó.

Él respondió sin vacilar: «Yo creo que si nos decidimos a legalizarla, podemos olvidar la democracia tal como la conocemos ahora. En experimentos con animales, las mutaciones en el cerebro causadas por la marihuana no sólo se encuentran en el usuario o sus descendientes, sino también en la descendencia de sus descendientes. Los peligros asociados con el cannabis son diferentes de aquellos asociados con el alcohol. La marihuana es soluble en grasa y una tercera parte del cerebro es grasa». Según esta teoría, el flashback (o más probablemente una mutación) no sólo se aprecia veinte años más tarde, ¡sino dos generaciones más tarde! Las moléculas están siendo mágicamente enviadas de padres a hijos a nietos por algún proceso de ADN más que por simple almacenamiento en el lóbulo frontal.

 

Ninguna de esta información ha sido ni siquiera remotamente documentada.

 

Los flashbacks son reales. Todo el mundo los ha experimentado. No tienen una relación única con la LSD. No tienen nada que ver con la psicosis.

[…] Un flashback se desencadena por alguna conexión con un evento memorable.

¿Memorable? En realidad no es necesario que la situación recordada responsable del flashback sea demostrablemente dramática. Vuelva a leer Por el camino de Swann de Proust. No fue necesario para su flashback más que un bocado a una magdalena que había mojado en infusión de tila. Con tan sólo probarla, se vio catapultado de nuevo hacia un momento pasado. Un olor, una palabra o un sonido que resulten familiares tienen la capacidad de catalizar una cascada de recuerdos, los cuales pueden ser suficientemente intensos como para, en efecto, permitir que se reviva algún evento pasado. Y, sin lugar a dudas, una experiencia intensa con LSD podría centrar pronunciadamente la atención en algún estímulo sensorial. En cualquier momento posterior, una re-experimentación de ese estímulo podría traer de vuelta el recuerdo de la vivencia con LSD.

El evento en cuestión podría ser objetivamente trivial pero, para uno, importante. Échenle la culpa del fenómeno al cerebro y al maravilloso funcionamiento de la mente, pero desde luego no culpen a la LSD. Y, por lo que más quieran, no pierdan el tiempo buscando alguna molécula perdida en los lóbulos frontales del cerebro. Simplemente no está allí.

Share

0 comments

Deja un comentario